LOS VINOS DE LOS PUEBLOS

 ¿Hay posibilidades de que retornen definitivamente los vinos de pueblo, es decir, los vinos procedentes de un solo municipio? Sólo será posible si las D.O. no ponen pegas. No se trata de sustituir las D.O.  por este concepto, sino de que éstas permitan reseñar en las etiquetas los orígenes locales de un vino en el marco de la Denominación de Origen. Ya hay ejemplos prácticos en Cataluña.

Bodega antigua de Requena

Bodega antigua de Requena

Este retorno al vino municipal fue auspiciado por el Consejo Regulador de la D.O. Priorat hace 4 años. Para ello Se tuvieron en cuenta   principalmente las variables ambientales, históricas, culturales y económicas de cada municipio. Asímismo, se podrían contemplar diferentes priorats en función de los suelos y de la situación geográfica del pueblo. En definitiva, se trataba de subzonas municipales.

Los vinos municipales son la cola de la estrella fugaz de tiempos pasados. Son los que mejor recogen  la personalidad geográfica.  Antes de crearse las Denominaciones de Origen, los vinos se conocían por su localidad, pues no existía otra forma de identificar un vino geográficamente. La historia nos cita los vinos de San Martín de Valdeiglesias, Alaejos, Rivadavia, Chinchón, Noblejas y otros muchos.  Los únicos nombres de pueblos vinícolamente históricos que se convirtieron en  D.O., fueron  Jumilla, Valdepeñas, Alella, Toro, Cigales y Cariñena. Pero sus vinos recogen también los de los pueblos cercanos que comulgan con la batuta del municipio famoso, convirtiéndose en una D.O. comarcal, con una identidad común gracias a la limitada extensión de su territorio frente a las grandes Denominaciones de difícil identificación sensorial de sus vinos.  

LOS ESCRITORES Y EL VINO LOCAL

No estoy seguro de que las alabanzas de aquellos vinos municipales de nuestros escritores del Siglo de Oro y los de los siglos siguientes, fueran debidas a una calificación sensorial, creo que más bien eran fruto de una moña muy inspiradora. Sus citas se referían a los vinos que bebían de las localidades cercanas a su lugar de residencia, que eran los únicos que abastecían a los núcleos urbanos.   Los que residían en la capital del reino bebían los de la zona centro, generalmente de la provincia de Madrid, y algo de la de Toledo y Ciudad Real. Los escritores sevillanos hacían alusión a los vinos de Guadalcanal, Fregenal de la Sierra y Cazalla de la Sierra y los de la corte de Valladolid, a los de Madrigal, Alaejos y Coca. Si el vino de Noblejas e Illescas entre otros, tenían enjundia en Madrid, los moscateles de Carabanchel y Fuencarral tenían su predio entre los forofos del vino dulce. Los elaboradores no se planteaban la posibilidad de transportar y vender sus vinos más allá de su área próxima  de influencia. Vidigueira-20121208-00250

Antes, los vinos eran de pueblo-pueblo. Las Ordenanzas Reales del siglo XV imponían ciertos deberes a los municipios y que cada cual defendiera sus intereses. A partir de las Ordenanzas Municipales, creadas como consecuencia de las pautas establecidas por las Ordenanzas Reales, los municipios fueron quienes más defendieron el vino propio. En ellas se prohibía el consumo de vino foráneo en tanto hubiera stock del vino local, y quien transgrediera esa normativa podía llegar incluso a entrar en prisión. Las tabernas estaban reguladas por leyes municipales y únicamente permitían a algunas vender vino foráneo en el caso de que por sus características no obstaculizara al vino propio.  La colectividad funcionaba entre los cosecheros del mismo pueblo y generaba un tipo de vino que defendían los lugareños, incluso en sus emigraciones a las grandes ciudades. Hasta los años Ochenta del siglo XX era corriente la frase “nada mejor que el vino de mi pueblo”, expresión esculpida por los que residían en Madrid tras su regreso del fin de semana en su patria chica con una garrafa de vino. Y, en general, hasta entonces el concepto de “vino de mi pueblo” estaba constituido por los vinos de la cooperativa local, que recogía  la esencia del vino municipal o, por lo menos, de un territorio próximo. El cooperativismo mantuvo el viñedo español y las familias de viticultores, gracias a la venta de la uva a la cooperativa y del resto de su producción agrícola a los almacenistas-criadores (como en el caso de la Rioja).

Bodega subterránea de Fermoselle

Bodega subterránea de Fermoselle

MUNICIPIO VERSUS DENOMINACION DE ORIGEN

A comienzos del siglo XX, por mimetismo con Francia, se ponen de moda las  denominaciones de origen. El objetivo era crear un modelo socioeconómico que protegiera de un intrusismo a una serie de localidades  con tradición vinícola, pero sin buscar la personalidad global. Las denominaciones de origen fueron el resultado de colectivizar los vinos de municipios, diluyéndose la personalidad de cada uno debido al mayor tamaño de la D.O. La Rioja es una zona contemporánea por más que los historiadores intenten reflejar una historia colectiva bajo ese nombre. Su perímetro se trazó en los años Veinte pasados sobre aquellos municipios que fueron proveedores de los negociantes franceses ubicados, sobre todo, en el Barrio de la Estación de Haro. Cosecheros que abastecían a los galos, incluso desde municipios tan lejanos  como Olite y Tudela de Ebro. Por esta razón, un gran número de localidades navarras fueron invitadas a pertenecer a la D.O. Rioja, si bien algunos declinaron la oferta por no perder ciertos privilegios forales. La Rioja como D.O. nace en 1926 pero solo comenzó a aparecer en las etiquetas a comienzos de los Setenta a raíz de crearse su Primer Reglamento. Hasta estos años era más comercial reseñar el municipio en las botellas como,  Haro, Cenicero, Fuenmayor o Elciego que mencionar la palabra Rioja. Incluso hoy cualquier intermediario mayorista tiene muy  claro las diferencias de estilo de vino de cada municipio.

MADRID, MADRID, MADRID

 

Gran parte de los costes laborales de la Puerta de Alcalá fueron sufragados con vino

Gran parte de los costes laborales de la Puerta de Alcalá fueron sufragados con vino

Valdepeñas, como vino municipal, fue la única localidad lejana que tuvo resonancia en las tabernas madrileñas del centro y gran parte de la ciudad hasta 1980. El éxito de este vino se debía a su precio imbatible, a la ligereza, suavidad y frescura que animaban a repetir el vaso. La razón era que aquellos tintos procedían de mezclar un 90 por ciento de vino blanco airén con uvas tintoreras y dobles pastas generando un tinto de medio color cercano a los borgoñas. Su producción alcanzó niveles que ni siquiera los viñedos de aquella localidad manchega podían abastecer, de modo que, cuando se instauró la Denominación de Origen, tuvo enormes dificultades para cuadrar sus cuentas de genuinidad y producción haciendo la vista gorda ante lo que era una evidencia: gran parte del vino manchego pasaba como “valdepeñas”.  Sin embargo, otras localidades cercanas como Arganda, Noblejas y Méntrida tenían sus espacios comerciales urbanos casi exclusivos. Hasta los años Ochenta pasados cada día los camiones cargados de garrafas y botellas de retorno repartían la mercancía y regresaban con los envases vacíos.  Arganda vendía su vino por las barriadas de Vallecas hasta Manuel Becerra, Noblejas distribuía los garrafones en una cuña abierta en los arrabales de Embajadores hasta Tirso de Molina y Méntrida cubría la Cava Baja, Calle Toledo  hasta Sol. La excusa para comer en los mesones de Navalcarnero y Valdemorillo eran sus vinos oscuros y densos. Por citar algún ejemplo, los “negrales” de Navalcarnero y las garnachas pizarrosas de Cebreros y Méntrida eran objeto de deseo para los coupages urbanos.  

LA DIFICIL ELECCION DEL NOMBRE PARA LA D.O.

Uno de los escollos para bautizar las flamantes D.O. con el nombre de la localidad de más fama es la rivalidad de los pueblos. Utiel-Requena y Montilla-Moriles solucionaron esa rivalidad poniendo un guion entre ambas localidades, y la de Ycoden-Daute-Isora es el ejemplo más claro del desacuerdo para fijar un nombre común. En los años 70, el ejemplo de Rueda, costó sangre, sudor y lágrimas para lograr que sólo esa localidad representara a la histórica comarca que en otros tiempos se llegó a llamar Tierra de Medina. Un nombre que, incluso, nunca llegó a superar la fama  de localidades como Navas del Rey, Alaejos, Pozaldez y Serrada. Y todo porque Rueda, ubicada en la carretera nacional A6, aún con menos tradición vinícola que las demás, ofrecía, en cambio, una ubicación estratégica para favorecer las comunicaciones. Por eso, en general, salvo estas excepciones, los nombres de las DO suelen recoger accidentes geográficos como las riberas de los ríos o nombres comarcales como el Penedés.  No obstante, otros muchos nombres adoptaron el de la localidad más importante de la comarca o, al menos con mayor viñedo como Valdeorras, Bullas, Méntrida, Yecla y Uclés.

¿VUELVEN LOS VINOS DE MUNICIPIO?

IMG_1262Hay un retorno muy tímido al vino de pueblo de viñedos ubicados en su término municipal. Una idea puesta en marcha en Cataluña por los bodegueros de El Priorat bajo el nombre de “vi de vila” o vino de villa, de la mano de Álvaro Palacios, Mas d’Gil y José Luis Pérez y las tentativas que en La Rioja está llevando a cabo Telmo Rodríguez con el vino de Labastida. Esto forma parte de un reencuentro con la tierra, con los espacios reducidos donde la viña transmite una personalidad que nada tiene que ver con los del entorno. Este modelo nada tiene que ver con el vino de pago, que, en general, no deja de ser la traducción un tanto “sui generis” de los “crus” franceses.

¿Qué razones existen para el retorno de esta antigua denominación municipal del vino? No cabe duda de que la complicidad entre unos cosecheros tan cercanos unos de otros, la utilización de las mismas prácticas de elaboración, las escasas diferencias entre el terruño de sus viñas y, sobre todo, una mejor localización geográfica que las D.O., inspiran estos últimos años a los nuevos y punteros enólogos en la búsqueda de la enodiversidad sin contradecir el concepto de vino de viña, de pago o de finca. En definitiva, la misma filosofía que imperó en los vinos españoles hasta bien entrado el siglo XX.

José Peñín

Acerca de José Peñín

José Peñín, 1943, Santa Colomba de la Vega (León). Es el escritor de vinos mas prolífico de habla hispana y uno de los periodistas y escritores más experimentado de nuestro país en materia vitivinícola, decano de la profesión y el más conocido a nivel nacional e internacional.Desde que creara en 1990 la “Guia Peñin”, es el referente más influyente en el comercio internacional de vinos españoles y la publicación en esta materia mas consultada a nivel mundial, lo que le convierte el más importante creador de corrientes de opinión en torno al vino. Viajero infatigable, ha recorrido casi todos los viñedos del mundo, a la vez es conferenciante, consultor, catador de reconocido prestigio, miembro de diferentes jurados internacionales con innumerables premios en su ejecutoria profesional que alcanza en la actualidad mas de 35 años en la actividad vitivinícola.
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5 respuestas a LOS VINOS DE LOS PUEBLOS

  1. Jose Enrique dijo:

    Interesante reflexión sobre el tema, he disfrutado leyéndola.
    No obstante, creo que el futuro del vino tiene necesidades muy distintas a las del pasado, donde las DO del tipo que fuesen representaban alguna forma de organizar la economía. Sin descartar que puedan seguir siendo útiles en muchos casos, mucho los productores de vino tienen mas en común con las necesidades de una empresa de un sector cualquiera que con las de sus vecinos productores. Por ello, las reglas del libre mercado deberían aplicarse también para ellos y habría que evitar que las DO supusiesen una limitación a su actividad, como de hecho está sucediendo en demasiados casos.
    Reconozco mi preferencia de normas de libre mercado, frente a las de la economía planificada.

  2. La 1 D.O es la Jerez-Xeres-Sherry

  3. La primara D.O, en España es la de Jerez-Xeres-Sherry. Ya en el siglo XVIII, se exportaba a Inglaterra

  4. Maribel Bernardo dijo:

    MUCHA TELA QUE CORTAR
    El nombre de la D.O RIOJA tiene tela.
    Como tantas cosa, en este querido país todo se politiza y este asunto no va a ser diferente. Tenemos una D.O.Rioja impulsada por un Consejo Regulador que aúna a tres comunidades. Navarra , Pais Vasco y La Rioja , digo ” aúna ” pensando que así era , pero de una parte aquí vemos que la Comunidad Riojana, encabezada por su presidente, quiere absorber y monopolizar todo el trabajo y la Historia de pueblos vitivinícolas sin tener en cuenta sus límites y su tradición.
    Anterior a la Nominación de ” La Rioja ” como Comunidad Política y a Rioja como D.O. ha existido desde el siglo XVI la comarca de Rioja Alavesa , y en materia de vinos una de las más prestigiosas del mundo, recordando que la primera Bodega embotelladora y criadora de vinos se encuentra en un municipio Alavés. Esa “pequeña” comarca tiene tanta personalidad y diferenciación que podría valorar su desmembramiento de hecho,
    desde hace unos meses, la polémica está servida………perdón , la política está servida…….
    M.B

  5. GURMEVINS dijo:

    MUY BUEN ARTICULO JOSÉ

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