ENTRE LA BODEGA TECNOLÓGICA Y LA ARTESANA

En el sector vitivinícola hay dos extremos de bodegas que perviven en el aficionado: las grandes y las pequeñas, ¡¡Qué original mi frase!! Verdad? Pero en este aserto no está todo dicho. El tamaño sí importa, si bien ambos patrones nacen con un mismo objetivo: vender un buen vino y que al consumidor le guste y lo compre. He aquí dos filosofías que conviene conocer.

Marqués de Cáceres y ContadorLa bodega grande nació pequeña y a la pequeña le queda un trayecto para ser grande o frenar su crecimiento antes de perder la personalidad diseñada de antemano.He elegido un par bodegas que encarnan los dos modelos con los que estoy identificado con sus respectivas y diferentes políticas de evolución y estrategia: Marqués de Cáceres y Contador. La primera por sobrepasar  los 10 millones de botellas, representando la mejor pirámide española de calidad/producción, dividida en los diferentes nichos de mercados sin perder la imagen de marca. La segunda simboliza el mejor ejemplo de vino personal, creativo, con una marcada incidencia de la viticultura natural, valores limitados por una producción de todas sus marcas que no puede sobrepasar las 150.000 botellas. Y es que como dijo Séneca, todo arte es imitación de la Naturaleza.

Me voy a referir  sólo al tipo de vino más alegórico de ambas firmas: el tinto. Si echamos mano a la Base de Datos de la Guía Peñin 2013 podemos observar que la horquilla de puntuación de Marqués de Cáceres se halla entre los 90 puntos justitos del crianza 2009 y los 93 de Gaudium 2005, al tiempo que la de Contador  se mueve entre los 93 de Predicador 2010 y los 97 puntos de Contador 2010. La diferencia de puntos no se basa en la calidad mayor de la segunda bodega sino en su personalidad, complejidad y creatividad personal. Desde el punto de vista mediático y desde la opinión de los más encendidos conocedores, se pensará que esas diferencias deberían ser mayores no sólo entre las propias marcas de Cáceres, sino también entre las dos firmas. Es natural, la estimación entre una bodega de volumen y la “artesana” siempre se ha decantado en favor de la segunda durante siglos en la historia del vino.

LA GRANDE: MARQUÉS DE CÁCERES

Marqués de Cáceres. Sala de barricas

Marqués de Cáceres. Sala de barricas

Todos los periodistas y comunicadores en general somos sensibles a lo escaso, a la manualidad, al vino familiar, al trabajo del viticultor; mientras que el vino de mayor producción parece no despertar pasiones a falta de historias humanas que contar, e incluso, hasta hace poco, era normal que estos vinos pecaran de algún defecto.  Hoy ya no es así. La tecnología en la asepsia y en la conservación de los aromas del vino en base al control térmico ha permitido que las diferencias se acorten, marcadas, eso sí, en la selección de racimos y en la personalidad del suelo y de la variedad que sólo es posible (por el momento) en pequeñas producciones. Una de las frases que más me ha impactado fue la que pronunció Peter Siseck con la humildad que le caracteriza: “hacer un vino como Pingus con 97 puntos y con 4.000 botellas anuales es más fácil que producir diez millones con 90 puntos”.  Creo que tiene razón, es tan meritorio hacer un vino genial y diferente con una producción limitada como saber mantener un nivel de calidad constante en un número tan elevado de botellas.

No voy a hablar de los más puntuados de esta casa porque a fin de cuentas representan la política lógica de una selección más precisa de la uva y un envejecimiento en roble de mejor calidad. Lo más destacable es la producción millonaria de su tinto de crianza con una calidad homogénea y sin contar con viñedo propio. Esto significa poner el punto de mira en un sinfín de proveedores y tener la pituitaria selectiva siempre afilada y en guardia.

Si utilizo como ejemplo esta firma es porque la he visto crecer desde el año 1975 cuando nadie la conocía, año en que fundé un club de vinos, precisamente con el tinto Marqués de Cáceres 1970. En aquellos años podría ser el equivalente de la bodega Contador de hoy. Era un descubrimiento que me atribuyo para el consumidor español. Lo que no podía imaginar es que esta bodega llegara a tal magnitud elaboradora logrando algo tan insólito como es aumentar la producción y la calidad a la vez  sin perder un ápice de su prestigio empresarial, todo un “intocable” dentro del sector y envidiado por sus congéneres riojanos. No existe ningún vino en España que venda tantas botellas de un crianza a un precio superior a los 6 euros. Es capaz de lograr un  excelente equilibrio entre el mercado hostelero y el detallista, sin someterse a la presión de producir una doble marca para la hostelería. Evidentemente yo disfruto como el que más al beber un  vino extremo como Contador para momentos especiales, con toda su complejidad, sus matices minerales, varietales, especiados y frutales. En el otro extremo y para todo momento,  el Marqués de Cáceres crianza (lo he repetido incansablemente) es para mí el modelo perfecto de un crianza riojano: percepción de la frutosidad de la tempranillo y la discreta y sutil presencia del roble, lo que me permite beber sin cansarme.

En los últimos diez años me han interesado los valores que encierra lograr una calidad recomendable en las grandes producciones vinícolas. La tecnología nos garantiza un vino equilibrado, agradable y capaz de ser consumido por todas las capas sociales. No podemos olvidar que el 90 por ciento de la población bebedora  compra estos vinos, y los periodistas no podemos sustraernos a esta realidad. Por eso, en este tiempo he visitado auténticas “fábricas” de vinos por todo el mundo:  Penfold´s en Australia, Montana en Nueva Zelanda, Concha y Toro y San Pedro en Chile o Gallo en California en donde el vino más barato no baja de los 89 puntos, pero el más caro no sobrepasa los 93 puntos con producciones anuales superiores a 80 millones de botellas. El único objetivo de estas “enormes” bodegas es producir vinos entendibles, equilibrados, sabrosos pero alejados -porque no es ese el objetivo- del terroir o de la creatividad enológica.

LA PEQUEÑA: CONTADOR

Bodega Contador

Bodega Contador

En algún año de los 90 pasados, cuando apenas nadie estaba al tanto de esta bodega, conocí a Patxi  Fernández  y a Benjamín Romeo. Patxi, amigo de toda la vida de Benjamín y responsable de poner el vino en el firmamento comercial, era un dechado de entusiasmo por el nuevo proyecto Contador. A su lado, Benjamín, con pinta de aizcolari, aparecía silencioso, en tono displicente y casi perdonándome la vida me dijo: “Dentro de unos años haré el mejor vino de la Rioja”. Era una frase que había oído en varias ocasiones en boca de quienes consideran que el suyo es el mejor.  El paisaje era desolador:  un garaje en medio del casco urbano de San Vicente de la Sonsierra y de ahí a una cueva hundida en un cerro, semejante a las bodegas subterráneas de mi tierra leonesa. En ese instante no estaba imbuido de la importancia del viñedo, que era el arma de este genio. Tampoco sabía que Benjamín fue el artífice de los grandes vinos de Artadi, ya que era uno de los secretos mejor guardados de Juan Carlos López de Lacalle, propietario de esta firma.

Benjamín Romeo

Unos años más tarde entendí aquella frase tópica, pues se basaba en una disciplina, talento e intuición de un personaje que se materializó con el tinto Contador. No es casualidad que los vinos más valorados en la Guía y en la crítica son Viña El Pisón y Contador, el primero heredero del quehacer de Benjamín en Artadi y Contador de cosecha propia actual. A la vez, fui conociendo la tremenda personalidad de Benjamín que también se desprende en su obra enológica. No sólo Contador es un vino personal, sino también La Cueva de Contador, La Viña de Andrés Romeo, El Predicador, tanto blanco como tinto y el también blanco Qué Bonito Cacareaba. Son vinos alejados del retrato geográfico de La Rioja. Es la interpretación más clara de la viticultura subterránea de viejas y enormes raíces hundidas en un suelo lleno de vida.

Hace unos meses me acerqué a la bodega para que mis discípulos, Carlos González, Javier Luengo y Pablo Vecilla, catadores de la Guía, conocieran a este singular personaje y no tanto por ver una bodega más de las que están ahítos de visitar. Serio, de pocas palabras, de rostro impenetrable, Benjamín fue estrechando las manos de mis estremecidos compañeros. Sin mediar palabra, les entregó a cada uno una copa, portando un cesto de botellas camino de uno de sus múltiples y sagrados majuelos. Era el atardecer cuando penetrábamos en el viñedo y como si fuera una ceremonia araucana, paró el todoterreno, nos hizo bajar para pisar el suelo arcillo calcáreo, descorchó las botellas y, en un himno al vino y al sol que se escondía en el horizonte, puso a todo trapo The Logical Song de Supertramp. En ese momento Benjamín sonrió, feliz de hallarse entre sus dos grandes pasiones: la viña y la música. En medio de este retrato aparece otro más intimista, desgraciadamente hoy en desuso,  como es el respeto y devoción a sus padres. El temple de un pago, La Viña de Andrés Romeo se lo dedica a su padre y el rescate del rioja clásico, el Gran Reserva Carmen, se lo brinda a su madre.

Marqués de Cáceres responde a un perfil del mercado y Contador responde al perfil de su propio dueño.  Es el resultado de la grandeza de una bebida, el vino, que es  capaz de manifestarse, a la vez, de un modo tan general y personal.

 

 

José Peñín

Acerca de José Peñín

José Peñín, 1943, Santa Colomba de la Vega (León). Es el escritor de vinos mas prolífico de habla hispana y uno de los periodistas y escritores más experimentado de nuestro país en materia vitivinícola, decano de la profesión y el más conocido a nivel nacional e internacional.Desde que creara en 1990 la “Guia Peñin”, es el referente más influyente en el comercio internacional de vinos españoles y la publicación en esta materia mas consultada a nivel mundial, lo que le convierte el más importante creador de corrientes de opinión en torno al vino. Viajero infatigable, ha recorrido casi todos los viñedos del mundo, a la vez es conferenciante, consultor, catador de reconocido prestigio, miembro de diferentes jurados internacionales con innumerables premios en su ejecutoria profesional que alcanza en la actualidad mas de 35 años en la actividad vitivinícola.
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3 respuestas a ENTRE LA BODEGA TECNOLÓGICA Y LA ARTESANA

  1. Jaime Lázaro dijo:

    Me encanta leer los artículos del Sr. Peñín, lo digo de veras. Ojalá hubiese más gente capaz de divulgar todo lo relacionado con el mundo del vino como él sabe. Hace más de treinta años que probé por primera vez un Marqués de Cáceres crianza, cuando todavía no había apenas probado vino, y ni en esa ocasión ni en otras posteriores, a lo largo de los años, ha sido un vino que me haya gustado. El reserva ya me parece otra cosa. Los vinos de Contador, lamentablemente, aún no he tenido la oportunidad de probarlos. Respecto a la cuestión de fondo de este artículo, soy plenamente consciente de que los avances tecnológicos están permitiendo que producciones masivas de vino alcancen una calidad “organoléptica” estimable, imposible de conseguir en el pasado. Leo bastantes artículos técnicos, escritos por enólogos, algunos en inglés -mayoritariamente australianos-, sobre viticultura y vinicultura, y no sé qué pensar al respecto. Me vuelvo muy suspicaz. Al conversar con algunos propietarios de bodegas y enólogos, a veces dejan entrever cosas que hay que asumir, el progreso irreversible, pero dan que pensar. No puedo evitar temerme que, en un futuro, poco de magia vaya a quedar en el mundo del vino -magia real, no virtual-, como en otros tantos. Eso sí, los vinos seguirán siendo muy agradables de beber, que supongo que es lo que realmente importa a la gente.

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