No necesariamente son los mejores pero sí diferentes, o al menos a mí me lo parecen. Son vinos profundos, extraños, impregnados de naturaleza vegetal y matices terrosos de su geología. Posiblemente algunos no son los mejores candidatos para la mesa, pero sí para pensar, para gustarlos en debate, solos, sin acompañarlos con bocados. Algunos al borde del deterioro pero, sobre todo, son vinos apreciados por los que llevan a sus espaldas muchos tragos de distintos orígenes y castas.
La gran calidad que atesoran muchos vinos de otras tantas zonas mundiales, la enorme competitividad de marcas y la eterna letanía de muchos vinos iguales, me hacen reflexionar si es más importante la calidad sobreentendida que la personalidad, siempre y cuando el vino esté equilibrado y responda a las características del geoclima. He repetido en innumerables ocasiones que ya no es suficiente que el vino sea bueno sino diferente, que muestre su identidad.
Cuento, con términos que reflejen sus diferencias, la razones de esta selección coincidiendo muchos de ellos con variedades de gran arraigo al suelo que les ve crecer. Vinos trabajados desde la viña cuyo subsuelo está lleno de vida animal microscópica, suelos intocables algunos, y otros labrados como si fueran jardines. Viñas con mínima intervención humana cuyas cepas vegetan al borde del sufrimiento donde cuenta más la viticultura subterránea que la aérea, cuyas raíces exploran todo un laberinto de minerales impregnado de nutrientes depositados por una Naturaleza, a veces, misteriosa.
Para quienes sospechen mis predilecciones por la garnacha –según puede apreciarse en este listado- decirles que es la indiscutible variedad nacional, con mayor número de cepas viejas y por lo tanto la más adaptada al ecosistema mesetario mediterráneo. Y no hay vino mejor que aquel que procede de viñas históricas y, por último, afirmar que esta vinífera es la que más recoge los valores naturales de donde vegeta y por lo tanto se expresa con multitud de diferentes retratos.
Desde la plana de Matanegra en Badajoz: SALITRE 2008 tinto (95 puntos GP)
Se habla de la garnacha tintorera capaz de despachar a la tintorería el traje recién estrenado si se derrama tan solo una gota. Vino de mosto coloreado por su propia genética sin que la piel tenga que ver como las demás uvas tintas. Uva que se operaba entre los bastidores bodegueros para cambiar los colores a la airén. Es el recuerdo del vino corriente, áspero y que se oxida con cierta facilidad. Este no es el caso. Me gusta su sabor extraño sin relación alguna con la sal según su nombre, es carnoso, maduro pero lleno de evocaciones silvestres a algarroba y dátiles, con un dejo de dulcedumbre muy distinto a las tintoreras de Almansa, más frescas, frutosas y vegetales. Siempre dije que en Extremadura es mejor plantar vides de larga maduración como garnacha, monastrell o graciano, en vez de “su majestad” la tempranillo que exageradamente reina por todos los confines patrios. La viña se halla en la zona de Matanegra, en Badajoz y la bodega se llama Pago Los Balancines.
Desde la desembocadura del Guadalquivir: SACA DE INVIERNO DE BARBADILLO MANZANILLA (96 puntos GP)
Durante muchos años Barbadillo mostraba el lado cómodo de la manzanilla: fresca, ligera, fácil de beber… Soleá se convertía en la copa tabernaria de los mostradores andaluces al son de guitarra y palmeo sordo. Pero el cuerpo me pedía la manzanilla de los arrumbadores que trabajaban de sol a sol, aquellos rasgos históricos de esta bebida de marisma: las manzanillas en rama que “no podían viajar”. Vinos con más gordura, complejos, llenos de salinidad y amargosos. Mis amigos del equipo Navazos pusieron la pica en Flandes, mostrando esos vinos biológicos sin filtrar en la mesa del consumidor urbano y hete aquí que la moda del “en rama” comenzó a brillar con luz propia.
Barbadillo es el rostro civilizado de la manzanilla, pero la que me gusta es la campesina, la bodeguera, el sortilegio del velo en flor que transmite al vino la algarabía de las levaduras. La saca de invierno es la que más me gusta porque el invierno, con el frío húmedo de Poniente, sostiene la levadura en su superficie con su grosor consistente que aísla al vino de los posibles demonios de la oxidación.
Desde los primeros escarceos del Pirineo: THALARN 2010 TINTO (96 puntos GP)
Cuando conoces la syrah del Ródano (¡ay, los rôtie y los hermitage tremendamente mineralizados y frutosos¡) sus homónimos ibéricos resultan pesados, maduros y con menos expresión. Tanta fama de esta variedad en la meseta caliente, cuando en realidad necesitan menos calor, que es el atributo que posee las Bodega Castell D’Encus que se localiza en la provincia de Lleida, a 900 metros de altitud, la syrah más alta de España. Si la cabra tira al monte, Raúl Bobet, su dueño y señor, tira a la montaña, el punto más alto del Costers del Segre, una Denominación de Orígen que por su elevada temperatura es algo así como la Australia catalana, que va disminuyendo a medida que uno se adentra en la Conca de Tremp. Aunque el sol a esta altitud se clava como una aguja en las epidermis humanas y vegetales, el frío nocturno conserva los aromas de las bayas y permite producir vinos de menor graduación alcohólica. Nadie duda que esta variedad posee una constitución y un esqueleto excelente para mezclar con tempranillo o monastrell, pero me cuesta trabajo definirla sensorialmente. Esto no pasa con Thalarn, en donde percibo los recuerdos frutosos y minerales syrah del Ródano y la madurez de los escasos y profundos shiraz australianos.
Desde los altos de Gredos: THE END 2010 TINTO (95 puntos GP)
Cuando uno contempla la impresionante ancianidad de unas cepas aradas con caballo, unos suelos tremendamente pobres de granito desmenuzado, unas uvas escasas y raquíticas y un paraje perdido en las estribaciones de una sierra como la de Gredos, cabe pensar que el vino será muy especial. Y sí que lo es. Su protector y propietario se llama Daniel Jimenez-Landi. Pertenece una generación de jóvenes viticultores –como a él le gusta que le nombren- que abogan por un menor intervencionismo técnico en la elaboración de los vinos, con prácticas ecológicas y dosis mínimas de sulfuroso. Lo que me cautiva de este tinto es como percibes en el trago la naturaleza salvaje del viñedo. Una garnacha de color guinda anaranjado que te recuerda una versión silvestre de los grandes borgoñas. El nombre del vino, The End, retrata el paraje límite en altitud donde se esconde la viña. Es verdad que el vino es frágil y alguna botella dice otra cosa pero que no enmascara los otros rasgos, al contrario, curiosamente lo enriquece.
Desde los bancales de Montsant: ESPECTACLE 2009 TINTO (96 puntos GP)
René Barbier, padre de esta criatura, sabe de bancales en su dominio prioratino. Bancales de llicorella como una escalera de Babel donde sus vinos recogen la mineralidad quemada y tostada de su Clos Mogador. Sin embargo, no me podía imaginar que en el territorio vecino de Montsant esa garnacha vigorosa y oscura se tornara en un crisol de elegancia, sutilidad, en suelos de fisiología calcárea también abancalados. Pocos vinos con 15 grados de alcohol entran en el paladar con la suavidad del terciopelo como Espectacle, nombre que evoca el paisaje de ensueño que se contempla desde el escalón más alto del viñedo. Como también son espectaculares los cambios de las características de esta variedad según el suelo, que la convierte en la más metamorfósica de las castas mediterráneas. Un tinto diferente, sutil, donde contrasta el elevado grado alcohólico con unos taninos elegantes, con finos matices vegetales y balsámicos.
Desde la Rioja maldita: ALTO REDONDO 2010 TINTO (95 puntos GP)
La Rioja Baja fue considerada siempre el rioja del pobre. Feudo de la garnacha y por lo tanto territorio de una uva denostada, de vocación granelística y de soplo aragonés, frente a la elegancia fina de la tempranillo de sus vecinas Alta y Alavesa. Ninguna bodega confesaba que parte de sus mezclas venían de este “mediterráneo riojano” Incluso se llegó al extremo de arrancar gran parte del viñedo de garnacha para plantar tempranillo, una uva equivocada para ese territorio.
En los últimos diez años, los que se resistieron en acabar con esta variedad comienzan a ver los frutos de una uva incomprendida pero perfectamente adaptada al territorio. El paradigma de este hecho tenía que ser un francés, Olivier Riviere. Siempre los franceses, los cuales han sido los grandes protagonistas del devenir histórico riojano. En el Diecinueve Jean Pineau instaurando el método Medoc de elaboración, padre del rioja moderno y en 1.990 Michel Rolland con los tintos de “alta expresión” donde terminaba una época de las excesivas y muchas veces mediocres crianzas y nacía el retrato de la uva madura y roble nuevo. Olivier podría entrar en la historia como el más relevante artesano de la garnacha en una zona que ni siquiera el ya casi mítico Álvaro Palacios ha podido repetir sus hazañas del Bierzo y Priorat y en tan solo 8 años de trabajo. Olivier impone el método borgoñón a la garnacha (el que mejor le va) para extraer el alma del suelo y de la uva. Este tinto me atrae porque nada en él se percibe la insolación de la Rioja Baja. Regula, como un orfebre del clima, el momento ideal para una vendimia que asegure todos los valores de frescura que posee esta cepa si no se sobrepasa la maduración. Un tinto de color granate vivo, con toques de hierbas y frutos rojos con matices balsámicos, rasgos que no coinciden con el rioja al uso.
Desde los barrancos del Sil: DOMINIO DO BIBEI B 2008 BRANCELLAO TINTO (96 puntos GP)
Tanto tiempo enfrentando al hombre con la Naturaleza, en este caso mujer: Sara Pérez, le ha proporcionado a Javier Domínguez, su propietario, los dividendos de ser su bodega la más admirada de la Ribeira Sacra. Un trabajo llevado con sumo secreto durante varios años tutelado por la gran enóloga y consultora catalana, ha permitido descubrir una faceta desconocida de la mencía: los toques silvestres y minerales muy diferentes a los frutales del Bierzo y Valdeorras. Con más ambición si cabe, Javier ha puesto en el firmamento variedades olvidadas como brancellao y sousón. Lo que más me ha seducido de la primera, sin mezclas y a pecho descubierto, es que la intensidad de color, que puede hacer sospechar sobremaduraciones del fruto y por lo tanto de difícil identificación varietal, no está reñida con la gran complejidad frutal que posee. La bodega de color blanco y de líneas geométricas, se levanta en la cresta de una montaña rodeada de barrancos con una arquitectura integrada en el paisaje y rodeada –como no tenía que ser de otra forma- de un viñedo instalado en auténticos precipicios donde sus viejas raíces clavadas en los suelos de pizarra arrancan todos sus nutrientes. Así, se percibe los rasgos de hierbas salvajes y el pedernal de sus piedras volcánicas.


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Si tuviese que elegir un vino raro, pero raro, y cautivador, sin duda, A Torna dos Pasas, donde la variedad Ferrol y el Caiño dan un vino realmente sorprendente.
Tres de estos vinos los he conocido gracias a los amigos de Bodeboca, unos artistas descubriendo vinos raros!
de los mencionados arriba ,el del Sr, Raül bobet, Talarn ,e tenido el gusto de provar este,y todos sus vinos ,y espectacular, y escuharlo como le apasiona su trabajo aun mas,
felcidades
jaume
De esta increíble lista tuve la oportunidad de saborear el alto redondo 2010, y fue un placer en todos los sentidos.
Me alegro que esta zona de la rioja empiece a fabricar vinos tan estupendos como este.