Aunque parece mentira, nuestra tradición del vaso de vino en mostrador y la presencia “casi obligada” de la botella de vino emparejada con la botella de gaseosa en los restaurantes populares, se lo ha llevado el viento de las modas.
Aunque el bajón en el consumo ha sido contundente (alrededor de 23 litros por persona y año), no es verdad que el dato de los 16 litros “per cápita” difundido por ahí marque nuestra diferencia con el resto de los países tradicionalmente consumidores. Desconozco de donde ha venido esta estadística tan baja. No hay que olvidar que en la renta se computa a todos los habitantes sean bebés, niños y ancianos. Es una regla mundial.
En mis casi cuarenta años de profesión, nunca como ahora el vino está tan presente en el paisaje español ya sea por las marcas, por las bodegas, las guías, los cursos de cata, las reseñas en periódicos, las pizarras de las tabernas vendiendo por copas, enólogos, blogueros, etc.. Ante este panorama tan alentador ¿Por qué ha descendido el consumo? No estoy muy seguro de lo que voy a decir, pero es posible que, entre otras cosas, la clave haya sido su brutal descenso en el agro español. La creencia de que el vino popular es una bebida más campesina y menos urbana ha hecho retroceder su consumo y sobre todo el autoconsumo. Ved mi blog del 20 de septiembre de 2011: http://jpenin.guiapenin.com/2011/09/20/hipotesis-del-bajo-consumo-espanol/
EL CONSUMO EN NÚMEROS
La producción total de vino en España en el año 2011 ascendía a 34 millones de hectólitros (3.400 millones de litros) http://www.winesfromspain.com/icex/cda/controller/pageGen/0,3346,1559872_6763355_6778152_0,00.html /2012_fitxers_estatics/0108_2012_ICEX.pdf. Si exportamos 22 millones, nos quedan 12 millones que, a mi entender, se quedan en España. Si los convertimos en litros, nos da 1.200 millones. Si dividimos esta cantidad entre los 42 millones de habitantes salen a 28 litros por habitante y año. Es cierto que habrá que descontar el vino que se destila (brandy y otros) y el que consume el turismo, llegando a la cifra oficial: 10 millones de hectólitros, equivalente a 23 litros de persona y año. Cantidad que aun así, está más distanciada que antes del consumo de nuestros vecinos, dando por sentado que siempre nosotros bebemos menos.
Pues bien. Todo ello ha hecho reflexionar a los máximos garantes del sector (la Federación Española del Vino FEV y la Confederación de los Consejos Reguladores vitivinícolas) montando una campaña de promoción genérica valorada en 3 millones de euros distribuidos en tres años (un millón cada año). Una cantidad a todas luces insignificante que me hace pensar que se trata de una experiencia piloto para después (creo) invertir una cifra a la altura de una realidad de consumo deficitario en este país. Para un producto de tanta tradición histórica y el mas conocido con menores inversiones publicitarias, solo le falta una difusión de uso antes de la difusión de compra tal y como siempre se ha publicitado el vino.
Es cierto que con esa cifra será muy difícil sumar un litro por habitante y año si fijamos el litro de venta en 1,50 euros. Las inversiones recatadas al final son más caras y los resultados nunca son proporcionales. Dudo que al final de los tres años la diferencia de consumos cubra la inversión. Para mayor desgracia la campaña de publicidad se ha dirigido a medios escritos, hoy en fase decadente, dejando a un lado los dos soportes más dinámicos que son televisión y radio, medios ideales para una promoción genérica de un producto tan popular como el vino. ¿Costes? Es posible que la televisión todavía resulte un medio ambicioso que requiere un desembolso mucho mayor, pero la radio, en la actualidad, es mucho más asequible y directo.
COMUNICACIÓN PERIODÍSTICA
Además, al ser una promoción genérica, esta se podría potenciar con una comunicación periodística trufada en los contenidos de los programas, sobre todo de los magazines diarios. ¿La razón? Es posible que con la espada de Damocles de Sanidad se intente evitar que la espontaneidad de una difusión en directo roce el estigmático campo del elemento alcohólico del vino. ¿Revistas especializadas? No creo que sean las más convenientes ya que están dirigidas a un público mucho más restringido y además endogámico. Sería más conveniente que los expertos, ya sean periodistas especializados, sumilleres –en esta ocasión me parece acertado que se haya elegido a Josep Roca-, cocineros célebres, e incluso blogueros generalmente cercanos a la juventud transmitiendo un discurso pedagógico, se añadieran a la nómina de famosos elegidos para la campaña participando en un papel como consumidores de confianza que transmitan un mensaje creíble y comprometido sobre los valores del vino.
Desgraciadamente –ya lo he comentado en varias ocasiones- en este país manda más Sanidad que Agricultura y Alimentación porque aún no se sabe transmitir el mensaje de un producto que, como el vino, poseen infinidad de recursos culturales que se aprecian sensorialmente como las diferencias de cosecha, origen, viejas añadas, tipos de uva, suelo y formas de elaboración y crianza. Un detalle muy significativo sobre la necesidad de aprender a beber es que cuando se bebe, el gesto más instintivo es tragar para calmar la sed y por lo tanto la cantidad es mayor, algo que no sucede con la comida que precisa de una masticación y por lo tanto una mayor intervención del paladar, en esto nos diferenciamos de los animales. No es raro que la distancia entre un neófito que intenta beber vino y un experto, es que este último degusta con un sentido sensorial y por lo tanto la ingestión es mucho menor que el trago del inexperto. Si además lo vinculamos a la comida, el mensaje sin duda es más alimentario, saludable y ante todo lúdico. Beber con moderación no debe ser una imposición. La moderación es el resultado natural de la cultura sensorial y gastronómica. Aprender a beber es aprovechar todos los valores de la bebida que se logran con menos cantidad ingerida. Lo siento, esto ya lo he dicho varias veces en mi blog pero no me cansaré de repetirlo.
En cuanto a los contenidos de la campaña, es razonable involucrar personajes de distintos ámbitos culturales pero no con un retrato estático y difuminado tal y como aparecen, sino una mayor implicación física del personaje en el gesto con la copa, en la nutrición y gastronomía llevándolos a la viña, a sus gentes, al suelo, a la cava de crianza, a la naturaleza del paisaje y su factor medioambiental….. y abandonar el sobado modelo de la locución lírica, intelectualoide y ambigua que tanto se prodiga en este país.
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CARIÑENA, LA D.O. QUE LUCHA
En la última década de los Setenta, Cariñena era un concepto. De aquel cariñena sinónimo de vino macho que cantara José Zorrilla en la Venganza de don Mendo, se ha pasado a un vino que se bebe en las cuatro esquinas del mundo.
El concepto “cariñena” al que me refiero, era un vino anónimo que viajaba en cisterna por todo el territorio nacional a mejorar otros más débiles. Era la medicina de gran número de vinos patrios gracias a la garnacha, entonces más oculta que, por su rápido envejecimiento, permitía adornar de madurez vinos más bisoños. Hasta bien entrado los Ochenta el vino de Cariñena se paseaba por las barras de Logroño pasando por riojas de taberna. Las ahora clásicas bodegas riojanas, se nutrían entonces de estas garnachas aragonesas al tiempo que los bodegueros cariñenenses suspiraban por plantar la tempranillo riojana para los embotellados de postín. Paradójicamente la Denominación de Origen apenas tenía dificultades para poder vender sus vinos pero desgraciadamente sin la marca de su procedencia.
Hoy ya es distinto. Los graneles se han vestido de etiqueta con su nombre, apellidos y añada, removidos, más que por su origen, por su liderazgo con la garnacha, la uva de moda en el mundo. Son 31 vinos con puntuaciones iguales o superiores a los 90 en la Guía Peñín. De 151 vinos catados la más baja puntuación alcanzaba los 82 puntos, lo que los califica entre “muy buenos” y “excelentes”. En cuanto al giro que esta zona ha tomado del granel al embotellado, la ha situado como líder en la velocidad de transformar el granel disperso al embotellado con contraetiqueta de origen. Datos que aclaran y rectifican el gazapo que apareció en la Guía Peñin 2013 cuando hacíamos referencia a que el granel había sido la tabla de salvación del vino aragonés, entendiéndose que se comercializaría como vino de mesa como partida más importante de la producción. Pues no es así. En tan solo 5 años se ha pasado de 36 millones de botellas a más de 60 millones con apenas un diez por ciento vendido como granel. Con unas exportaciones que han alcanzado más de la mitad de la producción. Excelentes datos para un tiempo de crisis.


Hola José y comunidad.
Enhorabuena por el post, nos ha parecido muy certero e ilustrativo.
En cuanto a la última parte, la de Cariñena, algo que que nos toca de lleno, nos alegra que desde estos sitios de referencia se evidencie el esfuerzo que las bodegas de la zona llevamos realizando durante años por lo que en el nombre de todas te lo agradecemos.
Un saludo.
No son 300 Millones distribuidos en 3 años, ni 30 , si no 3…. 1 cada año!
Un abrazo, Esteban
http://www.quiensabebebersabevivir.es/uploads/dossier_de_prensa.pdf
Tienes toda la razón. A mi edad es malo hablar de euros y pensar en pesetas. El dato desgraciadamente es erróneo. ¡¡Que bien si fueran en vez de 1 millon de € fueran 100 millones
Pepe, ¿estas seguro de estos datos? “una campaña de promoción genérica valorada en 300 millones de euros distribuidos en tres años (100 millones cada año)”.
Un abrazo. Esteban
Vete a la web de la FEV ahi lo indica. Un saludo.