La bodega Raventós i Blanc http://raventos.com/blog abandona la Denominación geográfica del Cava. Es una de las consecuencias de la errática historia de esta bebida en los últimos doce años, cuyo prestigio internacional ha decrecido, no por su calidad, que ha ido en aumento, sino por sus precios de saldo.
Las marcas de esta gran casa dejarán de llevar el apelativo de “cava”. Estimo que detrás de las razones de esta firma, como es la de “ir por libre” en su labor de prevalecer la filosofía del terreno o del terruño, esté el significado de la palabra cava que hoy supone un baldón en los mercados internacionales. Es el gran inconveniente con el que se enfrentan las marcas de prestigio cuando pertenecen a una denominación de origen lastrada por una política de volumen y precio, sin la firmeza y capacidad de defender la calidad. Una calidad que, en los últimos años, ha escalado peldaños inimaginables. Ahí estan las valoraciones en la Guía Peñín copando los primeros lugares del ranking con Gramona, Raventós i Blanc y Recaredo entre 98 y 96 puntos, acompañados por todo un orfeón de más de 170 marcas con valoraciones superiores a 90 puntos, frente a los apenas tres cavas con esta puntuación hace tan solo 8 años.
Lamentablemente, este suceso se viene produciendo desde hace más de 20 años cuando en los Estados Unidos, el cava llegó a ser un serio rival del champagne con un precio a 300 pesetas botella frente a las 1.200 del espumoso francés. Hoy, estas diferencias se han distanciado considerablemente con los 3 € del cava y los 25 € del champagne. Lo más sangrante es que vendemos menos en el mercado USA después de bajar lo precios a niveles bochornosos. Hemos dejado de ser el rival más significativo del champagne. Las ventas del cava van disminuyendo a favor de los espumosos italianos como el prosecco, franciacorta y el asti. Al final, se demuestra que toda esta debacle se debe a nuestra incapacidad comercial y proverbial aversión a vender y a que a los italianos, siempre mejores en esta disciplina, sólo les faltaba vencernos en este tipo de vino y ahora lo han logrado.
SIN IDENTIDAD GEOGRÁFICA
En cuanto a la identidad del cava, referido al terroir, es decir, a las peculiaridades que ofrece el geoclima, la propia definición genérica de esta bebida no la contempla. La gran paradoja es que los “cavas” más vinculados al territorio por la utilización de viníferas locales, son los que no pertenecen a esta Denominación. Tenemos ejemplos en el Bierzo y Valdeorras con Prada a Tope y Roandi con la variedad godello respectivamente, como también Antonio Sanz con la verdejo en Rueda y otros más que no recuerdo.
El hecho de que el cava se circunscriba a zonas tan distintas y distantes como Cataluña, Zaragoza, Valencia, Badajoz, Navarra y Rioja sin relación con el paisaje y el suelo, sino por la simple ubicación geográfica de las bodegas, degrada sobremanera el concepto de identidad de esta bebida. Incluso, es posible que el vino-base (antes de la segunda fermentación en botella) de las marcas no catalanas proceda en su mayor parte de Cataluña. Este hecho otorga una reveladora importancia a la decisión de Raventós i Blanc de honrar la marca vinculándola al territorio, en este caso a la Conca del Riu Anoia, corazón del 90 por ciento del cava nacional. No podemos dejar pasar por alto que quien decide dar este transcendental paso es la firma a cuyo propietario, Manuel Raventós i Negre, le correspondería ser heredero de Cavas Codorniu por la vieja tradición hereditaria catalana del “hereu”, si no fuera porque su bisabuelo decidió en 1927 acabar con esta costumbre. La razón de que el actual propietario rompiera en 1982 con el resto de la familia se debía a su desacuerdo con la política de Codorniu de potenciar una línea de cavas de segmento medio y bajo, en lugar de reforzar la calidad que Manuel pudo llevar a la práctica creando la firma Raventós i Blanc. Lo más curioso es que esa misma razón parece mover a los Raventós a separarse del Cava. ¿Hay quien demuestre mejor su afinidad con la calidad a costa de ciertos sacrificios?
CAVA DE ANOIA
Recuerdo que cuando se creó la Denominación Cava, allá por el año 1986, los primeros que se quejaron del nombre fueron los propios cosecheros catalanes. Estos llamaban a sus espumosos con el nombre de champañ o xampany (más por su relación onomatopéyica con la bebida que por la alusión al vino francés), término que no abandonaron hasta entrar la década de los Noventa, frente a la imposición de cava (que significaba, cueva, oscuridad, humedad…). En aquellos años, este cronista, imbuido por la teología de las denominaciones de origen, sugirió a algunos de los que iban a formar parte del primer Consejo Regulador, que defendieran el apelativo geográfico Cava del Anoia. Se entendía que, el concepto cava, definía el modo de elaboración y no que se refería al lugar de producción, como es en la actualidad. Para más inri, unos años mas tarde, el “método champenoise” dejaba de aparecer en las botellas cuando los franceses iniciaron la batalla prohibicionista de este nombre en los vinos espumosos que no fueran de la Champagne. Todo este desatino ha conducido a Raventós i Blanc a tomar esta importante decisión. Puede que se convierta en el inicio de las “espantás” de más bodegas y es muy probable que esto ocurra. Lo más curioso es que este suceso es paralelo al del vino de Jerez http://jpenin.guiapenin.com/2012/05/05/el-ocaso-de-jerez/ justo cuando estos dos vinos alcanzan la mayor calidad de su historia. Este panorama kafkiano sólo ocurre en España.




Amo mi tierra y sobre todo los productos de calidad que producimos.
Para dar a conocer nuestros productos no se me ocurre otra forma que trabajar desde la honestidad y no abusar de los consumidores, sean foraneos o turistas.
No hay peor publicidad para una empresa que el engaño y la picareca, tan típica de España. Seguramente a corto plazo es rentable, pero a largo plazo no lo es.
Me gustaría dar a conocer desde Club del Cava los vinos espumosos que producimos y
os invito a difundir nuestra web si os parece interesante.
http://www.clubdelcava.com
Saludos y gracias
En la Bodega Pago Diana nos identificamos mucho con esta sabia decisión tomada por Raventós i Blanc. Pertenecer a una Denominación con baja reputación puede dañar tus productos, aunque ello signifique comienzos difíciles. Mas aún, cuando se trata del mercado internacional, una Denominación no tiene ni muchos menos la importancia vital que se le otorga en España a las Bodegas. Al final uno tiene que ser fiel a su terruño y confiar en la calidad de sus productos.
La mayoría de consumidores suelen ser antes caprichosos que exigentes. Y, sobre todo, somos de costumbres todos los animales lo son . Lo digo porque en España deberíamos aprovechar la ingente cantidad de turistas que nos visitan para dar a conocer y promocionar como es debido nuestros vinos, en vez de venderles los más corriente, y a menudo, cobrándolos de más, justo al revés de lo que se hace al exportar. Es una publicidad gratuita que generaría demanda y fidelizaría clientes en el extranjero. Pero yo, que lo he procurado hacer durante años, sé que no es fácil cambiar tendencias. Ni tampoco conseguir que los negocios turísticos de hostelería adquieran conciencia de ello. Tengo muy claro que, a igualdad de precio, un vino español habitualmente es mejor que uno italiano, o incluso, francés. Y no sólo me lo parece a mí. En confianza, clientes que he tenido de ambas nacionalidades me lo han admitido. Si quieres un vino mejor de esos países, hay que pagarlo. Y el cava tiene una relación calidad precio superior a la del champagne, por lo general. El asunto del jerez, que nos remite a otro artículo del blog, es, si cabe, más preocupante. Estaré de acuerdo en que hay que saber vender al precio justo, sin rebajarse, pero también considero que muchos vinos se venden por encima de ese precio justo. Si al cliente le vendes por la imagen de calidad que transmites, en correspondencia con la realidad, pero sin abusar de precio como parece que hacen bastantes italianos y franceses, se ganarán muchos clientes. Por cierto, los vinos de estos países que se venden en los supermercados españoles suelen ser de los baratos. Sería cuestión de tener los distribuidores adecuados, comprometidos con la filosofía expuesta, pues ellos son los que realmente conocen al consumidor de sus respectivos países y le venden nuestro vino. Sospecho que esta debería ser una de las claves del asunto que exponen, clara y detalladamente, este artículo y el referido sobre Jerez.